jueves 22 de mayo de 2008

Esta es nuestra selección

Luis no lo escondió en ningún momento. Desde que llegara al banquillo de España, el seleccionador insistió en que su objetivo fundamental, más allá de conseguir por fín un título, era sentar las bases de una Selección ganadora. Para ello, el primer paso era encontrar un estilo. Desde hace muchos años sabemos qué es jugar a la holandesa, jugar a la alemana o jugar a la italiana, por citar tres de las escuelas más reconocidas, pero nunca hemos sabido qué es jugar a la española. Esa carencia de filosofía identificativa ha sido maquillada por los medios de comunicación con tópicos sin fundamento, entre los que destacó sobremanera aquel que relacionaba nuestra máxima futbolística con la furia. Una pamplina como otra cualquiera. Bajo frases clichés como “la débil condición física de base”, Aragonés desarrollaba un proyecto basado en nuestros puntos fuertes. Un proyecto que necesitaba tiempo, que atravesó sus lógicos y tolerables baches y que, tanto Luis como el que les habla esperamos, fuera la primera piedra de una selección con sentido y una personalidad definida.

¿Cuál es nuestro principal fuerte? Creo que todos coincidimos en señalar la técnica. Tenemos futbolistas sobresalientes en el control de la pelota, en la conducción y en el golpeo de la misma. Eso lo trasladamos a la capacidad asociativa. El jugador español sabe cómo, cuándo y dónde debe pasar el balón. De hecho, los Cesc, Iniesta, Xavi, Alonso, Senna, De la Red o Silva, incluso futbolista no convocados como Arteta, Granero o Raúl García, bien pueden estar entre los mejores centrocampistas del mundo en este apartado. Toca potenciarlo. Necesitamos hacer del partido una batalla en la que nuestra principal cualidad tenga el máximo peso. Ese es el objetivo de nuestro 4-1-4-1, el esquema de los centrocampistas.

Empezaremos de atrás hacia delante. Iker Casillas es fijo bajo los palos. El portero madrileño es quizás el guardameta con los reflejos más desarrollados del panorama europeo, lo que le convierte en un jugador puntero en el mano a mano y le permite realizar paradas inverosímiles, solo a su alcance. En su haber quedan anotadas las jugadas a balón parado, donde su gestión de los espacios deja mucho que desear y concede situaciones de peligro en su propia área pequeña. Pero más allá de esto, Casillas es un portero anclado, que no está evolucionando hacia lo que el fútbol se está encaminando. Este deporte tiende a ser jugado por 11 futbolistas, más que por 1 portero y 10 jugadores de campo. El crack madridista lastra la creación de su equipo, así como la iniciación de los contragolpes, por culpa de su mediocre lectura del juego y su incompetente golpeo de balón. Es uno de nuestros principales activos, por calidad, liderazgo y experiencia, pero debería cuidar su faceta ofensiva para facilitar que sea España quien imponga el ritmo que le convenga al partido. España es más balón que cualquier otro colectivo, y hasta el menos pintado debe mimarlo.

Una línea de cuatro escolta al capitán español. A mi juicio, es la zona más débil del equipo. En la pareja de centrales tenemos a Puyol como el principal referente. El capitán azulgrana ha cuajado una temporada muy mala desde el lateral, pero como central ha tirado de oficio y experiencia para tapar su declive físico. No es SuperPuyol. No es esa bestia de talento defensivo desbordante tanto para el uno para uno como para las coberturas. Pero es un central competente, con notoria lectura del juego y con capacidad de liderazgo. Él es el jefe, y será quien determine si el pasito es hacia delante o hacia detrás. Su pareja de baile no está tan clara. La mayoría se decanta por Raúl Albiol, el fino y rápido central ché. Desde luego, es un jugador extremadamente compatible con Carles, y supone un plus de calidad en una línea defensiva algo tosca, que podría tener problemas para realizar la transición defensa-mediocampo. La otra alternativa es Marchena, un futbolista odiado por sus rivales. Seguramente esa sea su mejor cualidad. No dudo un instante de la superioridad cualitativa de Albiol con respecto a su compañero de equipo, pero Marchena es un jugador sobresaliente en un aspecto determinante del juego: La competitividad. Recomiendo a sus detractores revisar la cinta de la pasada final de la Copa del Rey, partido en el que sin duda fue el más destacado. Basta para comprender a qué me refiero. En un partido a vida a muerte, cada intervención de Marchena despierta la ira del adversario, consigue sacarles de sus casillas, y también sabe cómo jugar con el árbitro. ¿La afinididad de Albiol o la competitividad de Marchena? Pienso que Luis se decantará por lo segundo. Servidor necesitaría ver más partidos para decidirse, pero si nuestro equipo jugara hoy la final de la Eurocopa y de mí dependiera la decisión, el sevillano saldría del estadio con muchos insultos oídos y su tarjeta amarilla de rigor. Los laterales están confirmados, Sergio Ramos y Capdevilla. El madridista es la primera clave de nuestro sistema de juego (ya no hablamos de dibujo o esquema, sino de sistema). Ocupará toda la banda derecha. Iniesta tenderá a abandonar el costado tanto con pelota como sin ella, dejando espacio a la agresiva incorporación de Sergio. La máxima es clara: Ramos debe recibir en carrera. De poco servirá que el carrilero ocupe posicionalmente la orilla derecha y reciba en seco, su relevancia se vería reducida a la mitad. Aún siendo un claro elemento diferenciador, Ramos tendrá que medirse muchísimo. España va a depender de manera casi total de su gestión del esférico (posteriormente analizaremos esto más profundamente), esta determinará la posición de nuestros jugadores en el momento de la pérdida, y un mal dominio de este movimiento por parte de Sergio puede dejarnos vendidos, con un espacio a su espalda mortal para nuestros intereses. Es cierto que a veces peca de imprudente y que su juego contiene ciertas lagunas tácticas, pero pienso que su principal defecto reside en la dificultad para concentrarse. Es un jugador que precisa de situaciones límites para estar completamente metido en el partido, en contextos de todo o nada, aumenta sus credenciales y reduce sus defectos a ninguno. La Eurocopa le va a dar lo que necesita para ofrecer lo mejor de sí. Capdevilla tendrá menos peso en el equipo. Sus subidas se verán más limitadas, si bien es muy probable que, cuando tengamos la pelota, cierre por la zurda a la altura del mediocentro, sirviendo de alternativa de pase al poseedor del balón. Su capacidad asociativa es bastante buena considerando la posición en la que juega, y cuanto más jugador haya alrededor del balón, más difícil será que este se pare. Si el balón se para de verdad, estamos perdidos. Y enfatizo con “de verdad” porque, circunstancialmente, seremos nosotros mismos (Xavi) los que determinemos que hay que bajar el ritmo. No confundir pausa con lentitud o atasco. La pausa es la antesala de la aceleración.

Pasamos al mediocampo. La línea cuyo estilo coincide de manera exacta con el sentir del colectivo. Hay equipos que, apoyados en el físico, tienden a imprimir al partido un ritmo desbordante que saque al rival del campo; otros que priorizan en labores de presión sin balón con el objetivo de recuperar la pelota lo más cerca del área posible y así disimular sus carencias creativas, etc. España necesita potenciar al máximo la gestión del balón, tenemos que conseguir que la pelota esté siempre en aquel lugar en el que la pérdida no represente un peligro imparable. Fluidez, permutas entre los cuatro “mediapuntas”, subidas de los laterales, cambios de ritmo, driblings oportunos, incorporaciones a mediocampo de un central, cambios de sentido, diagonales a la espalda del lateral... todos esos serán nuestros recursos de cara a plasmar nuestra idea en el terreno de juego. Si se elige la mejor opción en cada momento, el rival quedará estirado, como poca mantequilla en demasiado pan, separaremos sus líneas y dificultaremos que armen su ataque. Esos cinco segundos que necesitaría el oponente para armar su jugada serían utilizados por los españoles para recolocarse y no correr excesivos riesgos. ¿Demasiado difícil? La perfección es complicada sea cual sea el camino elegido. Lo que está claro es que este camino es el que se nos hace más corto a nosotros. No podemos defender como los italianos, ni tenemos el físico y la llegada de los alemanes, pero me niego a creer que no podamos llevar a la práctica con éxito moderado un plan que ha ejecutado a la perfección, puntualmente, el mismo Getafe de Laudrup. Distinto esquema, distintos jugadores (e inferiores, infinitamente inferiores), pero concepto muy parecido y cualidad básica idéntica: la técnica.

Los hombres encargados de plasmar el libro de Aragonés en los campos austriacos parecen claros. El mediocentro es el único que puede ofrecer la menor duda, y todo hace indicar que Senna será quien ocupe la posición. Debo reconocer que me alegro por la no convocatoria de Albelda. Desconozco la coherencia del capitán valencianista en este sistema de juego basado en la administración del balón. Xabi Alonso es nuestro mejor especialista y De la Red el que mejor temporada ha cuajado, pero Senna ha alcanzado un pico de forma espectacular desde que visitara el Camp Nou ya meses atrás, del mismo modo que su capacidad física es una garantía para un Luis que, aún siendo romántico, prefiere guardarse algún plus defensivo en la manga para solventar imprecisiones tácticas (que las habrá). El mediocentro de origen brasileño quizás es el menos talentoso de nuestros tres hombres, pero no podemos dudar de su afinididad al sistema, Senna puede darnos de manera sólida lo que demandamos en esa demarcación, dinamismo (rotando con los dos interiores) y colocación útil, tanto en fases de ataque como en fases de defensa. Continuamos analizando al hombre más importante del equipo, Xavier Hernández. Temporizador y brújula de la selección. El catalán es el eje de todos nuestros movimientos, el resto de los jugadores rodearán al hábil centrocampista para otorgarle el máximo número de alternativas y, en general, será el futbolista sobre el césped con una relación más íntima con el balón. Gran parte del sistema ofensivo de España busca crearle a Xavi el microclima perfecto dentro del campo, microclima que puede resumirse en una frase de pocas palabras y muchos sentidos: Siempre recibirá el balón de cara. Las virtudes de Xavi ya las conocemos todos, sus defectos ya no tanto. En primer lugar, su fútbol ha derivado en los últimos años hacia un ritmo extremadamente lento y una enfermiza horizontalidad, que hacen al colectivo más previsible a ojos del rival. En segundo y más importante, estamos ante un futbolista menor. Un jugador de los que no aparecen cuando vienen mal dadas, incapaz de revertir una situación desfavorable. Ojo a lo que le estamos pidiendo. Nada más y nada menos que Italia, Alemania, Holanda, Portugal o Francia jueguen a lo que nosotros queremos jueguen. ¿Demasiado para Xavi? Sí, eso creo. La decisión de darle a Xavi el timón me parece la más equivocada de la gestión de Aragonés. Ya no solo por sus debilidades (que cuidado, aún defectuoso es de lo mejor del panorama mundial para este cometido y seguro su rendimiento individual será bueno), lo más grave es que España tiene entre sus futbolistas al temporizador con brújula incorporada más moderno del mercado: Cesc Fábregas. Un futbolista capaz de hacer todo lo que hace Xavi, pero de una manera mucho más dinámica y heterogénea. A este excelso jugador, uno de los 3 ó 4 mejores del país, se le ha relegado a un segundo lugar, ser el escudero del jefe. He aquí la razón del bajón cualitativo que experimenta Cesc cuando juega con la selección. La consagrada figura ve su posición adelantada, así como reducidas sus responsabilidades (y el tiempo de contacto con la pelota, que es su oxígeno). Su labor queda limitada en ese sentido, y ejerce más de pivote para los mediapuntas, jugando principalmente de espaldas a portería y en zona puramente de aceleración. Otras de sus funciones es dejar libre el espacio a la diagonal de los falsos extremos, siendo su principal vía de escape la incorporación a la línea de delanteros, en la que le toca esperar al balón, y no llegar con él como tan bien hace. ¿Puede rendir en este rol? Seguro, pero difícilmente iguale el rendimiento que puede dar “haciendo de Xavi”. Y tampoco creo que pueda igualar en esa nueva posición el nivel que podría exhibir en ella la estrella absoluta de nuestra selección, el jugador que debe marcar la diferencia, el futbolista que tiene en sus manos el salto: Andrés Iniesta. Otro hombre clave que es desplazado de su puesto ideal por la presencia de Xavi, aunque cierto es que, en este caso, Iniesta encuentra menos diferencias que Cesc en cuanto a función a desempeñar. El mago español tendrá una de las bandas, generalmente la diestra, como su posición de partida. ¿Tareas? Jugar al fútbol en el más amplio sentido de la expresión. En cuanto a capacidad asociativa no genera dudas, y sus diagonales sin balón para tocar la bola a modo de descarga serán fundamentales de cara a favorecer la circulación de la misma. Con el balón en los pies será nuestro jugador más desequilibrante. Necesitamos recuperar al Iniesta driblador, ese futbolista capaz de eliminar a su par con un regate y abrirnos así un nuevo abanico de posibilidades. Raramente su carrera sea de extremo, porque ni lo es, ni Luis quiere que ejerza como tal, sino que sus slaloms tendrán por destino el espacio que cree en la línea de delanteros Fernando Torres. Tanto Iniesta como el propio Torres tienen entre sus funciones una muy especial: Convencer a Cesc de que es importante. Son los dos únicos jugadores de la Selección que pueden pensar al ritmo del catalán, y cuando este agarre el balón en su posición (que esporádicamente lo hará) nuestras dos estrellas tendrán que ofrecerle la velocidad que él demanda. De ese triángulo acostado en la banda de Iniesta nacerá nuestro otro fútbol, las transiciones más veloces y fulminantes. El costado contrario lo ocupa un virtuoso, David Silva, más de la cuerda de Xavi. El canario tendrá más obligaciones de extremo que Iniesta, principalmente porque no tiene a Ramos por detrás, y lo veremos más pegado a la cal. No obstante, su principal función es muy parecida a la de sus cuatro compañeros de la zona ancha. A pesar de que, como hemos dicho, su ritmo se asemeja al de nuestro jefe, Silva es un futbolista mucho más vertical, que difícilmente vaya a lastrarnos en ningún sentido. Sus cambios de banda con Iniesta serán constantes a lo largo de los partidos.

Arriba está nuestro jugador más decisivo. Si Iniesta tiene que marcar la diferencia, Torres tiene que concretarla. Es muy posible que Fernando atraviese largos periodos de tiempo sin contactar con el balón, y no por ello podremos decir que se esté escondiendo o algo parecido. El principal trabajo del 9 será mover a la defensa rival en el sentido contrario de nuestra circulación de pelota, ¿Para qué? Para obligar a los defensas rivales a decidir qué hacer, y así exponerlos al fallo que propicie la fisura. Sus desmarques de ruptura serán continúos, pero la mayoría no tendrán como desenlace el recibir el balón, sino generar espacios para la línea de cuatro que le secunda. Una vez Torres le ha creado a esta el espacio, se le abre la opción (segunda jugada) de trazar la diagonal de fuera a dentro a la espalda de la zaga contraria, y nuestros “mediapuntas” ya podrán filtrarle el pase que le regala su situación preferida. Tenemos una suerte inmensa de contar con este extraordinario jugador. Tanto por condiciones como peso específico en el fútbol europeo, es el futbolista perfecto para darnos lo que necesitamos de nuestro delantero centro. El desgaste al que vamos a someterle será brutal, pues prácticamente cada incorporación de nuestros “mediapuntas” tendrá un trabajo de Torres realizado previamente. Claro, todo esto sin olvidar que es nuestro ariete y, por consiguiente, nuestra principal baza de cara al remate. Igualmente colaborará en el juego de espaldas, pero el desplazado Fábregas le descarga muchísimo de esta labor. Su función es la descrita, romper. Balón a un lado, movimiento de Torres al contrario.

A grandes rasgos, ese será el plan inicial, con la lógica adaptación al rival que tengamos en frente. Pero nuestro potencial no acaba aquí, ni mucho menos. Según la necesidad que surja en cada situación de partido, contamos con una amplia gama de jugadores en el banquillo prestos a satisfacerla. Los más destacados son Xabi Alonso, García/Cazorla, Güiza y, por encima de estos, Villa. El donostierra es alternativa a Senna, Xavi y Cesc. Ve el fútbol con más claridad que nuestro mediocentro titular, y seguramente sea poseedor del desplazamiento de pelota más efectivo de la Eurocopa, con permiso de Pirlo. Para partidos muy posicionales, en los que el rival se nos encierre atrás, su aportación podría desatascar la situación. Sergio García y Cazorla serán nuestros microhondas. Futbolistas bulliciosos, con habilidad en el uno para uno y una velocidad más. Posicionalmente partirían desde una banda, generando espacio en la medular. Luego, Luis encuentra su 9 más convencional en la figura de Güiza. El jerezano es un rematador consumado, así como un goleador a la antigua usanza. Su capacidad de asociación es buena y su habilidad para encontrar los espacios aún mejor. Su entrada al campo libera a Fernando Torres de la marca de los dos centrales, que adaptaría su juego del mismo modo que cuando comparte delantera con Crouch en el Liverpool. Y por último tenemos a Villa, con casi total certeza, nuestro primer cambio en cada uno de los partidos. El asturiano es nuestro mejor revulsivo. Entraría al campo en sustitución de Cesc o, más probablemente, Silva. Su presencia en el equipo altera tácticamente el colectivo, que perdería un socio en la medular pero ganaría un apoyo a Fernando. Villa trabajaría de manera similar a Torres, intercalando los desmarques en sentido opuesto (cruzándose) o quedando uno como referencia y siendo el otro quien hiciera la labor de arrastre. El movimiento desde el banquillo es realmente interesante, pues sin cambiar de estilo, nos abre un abanico de posibilidades que no surjen con el 4-1-4-1 inicial. Los cinco centrocampistas maltratarían al oponente obligándole a correr demasiado, y Villa supone una velocidad artificial más.

Lo que ha quedado expuesto en este análisis no es más que un punto de partida para que entre todos valoremos y estudiemos todo lo que se nos pueda ocurrir sobre esta selección que nos representa. Una selección que me ilusiona, pero pienso que podría haber sido aún mejor. Por supuesto, todo esto es papel, especulación inicial, análisis sin incidencia sobre el césped. El fútbol es imprevisible, y no podemos descartar que un chut de Pogrebnyak tropiece sobre una de las famosas garrapatas, la trayectoria del balón adquiera un efecto extraño y Casillas se vea sorprendido. A ver qué análisis nos quitaría la cara de póker... Afortunadamente, tampoco el contrario incluirá entre sus estudios un caño con posterior cañonazo de Silva como el de Stamford Bridge, o alguna obra de arte de las que Torres ha dibujado a lo largo de la Champions League.